Pedro Montesinos

EL HIERRO SUEN​/​ÑA

lea012   DIGITAL   2014

Tracklist:
1.  La Restinga. Día/Noche
2.  Siesta en El Sitio
3.  Olas y viento
4.  Viento y olas
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Bandcamp

La Isla de El Hierro es un lugar privilegiado desde muchos puntos de vista: geográfico, geológico, climático, biológico; pero también por cuestiones de tipo social, cultural, económico, histórico, lingüístico. Todos estos elementos concurren en las grabaciones de campo (unos más evidentes, otros más sutiles; unos buscados, otros encontrados... muchos inadvertidos) y con todos se pueden crear y recrear imágenes, sensaciones, emociones, ideas, pensamientos, recuerdos, datos, ilusiones...

Las grabaciones que originan este trabajo las realicé en mi primera visita a la isla en noviembre de 2009 sin más intención que la de la de conservar algo de material sonoro de aquella visita. Un par de años después, coincidiendo con la erupción del volcán que se produjo frente a la Restinga volví sobre las grabaciones. Este es el resultado de esa inmersión en aquel material.

Las cuatro piezas de este trabajo se mueven entre la realidad de las grabaciones de campo y la ficción de los sonidos que, selecciono de la propia grabación, reincorporo y manipulo. La intención es la de transportar al oyente a ese estado próximo al sueño pero previo a la pérdida de la consciencia, en el que la mente mezcla y entreteje elementos de la realidad y del sueño sin limitaciones racionales, ni convencionalismos perceptivos o psicológicos. Se trata de que cada oyente produzca su propio proceso de escucha e interpretación partiendo de los estímulos sonoros que conforman el paisaje sonoro sobre el que van apareciendo y desapareciendo, transformándose para convertirse en formas vivas que coexisten y se relacionan con el entorno del que surgieron.


01. La Restinga. Día/Noche

La pieza está dividida en dos partes, una realizada a primera hora de la tarde y una segunda a medianoche, desde dos puntos distintos aunque cercanos entre si, en el puerto de la Restinga. Es el año 2009 y muchos pueblos y ciudades se han visto invadidos por grúas, percutores, avisos de marcha atrás, radiales, camiones... que se afanan en ejecutar unos trabajos que en demasiadas ocasiones ofrecían una cuestionable utilidad (no sé si era el caso concreto). Con todo, este material aporta elementos documentales representativos de aquellas intervenciones generalizadas en un momento histórico en el que se daban los primeros pasos para afrontar la crisis financiera internacional que se inició con la caída de Merrill Lynch en 2008. Y llegó la explosión de la burbuja inmobiliaria y el rescate al sector financiero, la sequía en el crédito... el paro, los desahucios, los recortes en servicios públicos, en derechos, en libertades...

Más allá de cuestiones históricas, sociales o de política económica, esta pieza sirve para ilustrar cómo las obras, en general, irrumpen y permanecen en los espacios que transforman, con sus horarios sistemáticos y sus evoluciones ajenas a quienes las soportan; con sus cadencias constantes y sus irrupciones imprevisibles; sus abruptos eventos y sus silencios esquivos....

Por la noche, no hay obras...

El balcón del comedor de uno de los apartamentos de Kay Marino deja entrar una luz radiante de primera hora de la tarde. Desde allí contemplo el puerto situado a los pies del edificio... A esta hora del día, lo mejor que puedo hacer es recostarme en un sillón y escuchar...

(00:00) Un tono intermitente y estable, de un vehículo marcha atrás, insiste, despreocupado y egocéntrico, en extender su alerta por todo el puerto envuelto en las delicadas caricias que las somnolientas olas, en su ir y venir dejan en la arena... Los golpecillos de los cabos contra los mástiles de las embarcaciones mecidas por el suave balanceo del mar, salpican aquí y allá su perezoso tintineo... algún golpe, algún pitido, algún pájaro sobrevuela... La música de un reproductor indeterminable se pelea con la plácida regularidad de la actividad cotidiana del paseo...

(00:55) Una máquina percutora lanza su punta de hierro sobre el cemento con una ráfaga abrupta y amenazante que parece despertar... y se para... El reflejo, que se produce por el rebote de las ondas sonoras en la pared de 3 o 4 metros de altura que contiene el mar y, aunque menos evidente, también en los edificios que conforman el frente marítimo; refuerzan su protagonismo...

(01:10) El rastro de esos primeros pasos se adhiere en mi memoria y, sin entender porqué, me sobreviene... Y viene... y se va... ahora más cerca, ahora más lejos... aquí... allá... haciéndose un hueco entre golpes dispersos, voces lejanas, algún motor... Y todo enredado y entrelazado con el cadencioso susurro marino de olas y tintineos...

(02:26) El pestillo de la puerta que da acceso a los amarres salta lanzado contra sus topes y repica... se abre la puerta para dejar paso a una única persona que cierra y pasa el mismo pestillo. Esta vez el gesto firme y preciso, no deja escapar ni un golpe de más...

Los sonidos de las máquinas y los trabajos que se desarrollan en el puerto no deben ser muy frecuentes aquí pero en este momento parece que se van desperezando y poco a poco van despertando de su descanso...

(03:00) Y ese insistente aviso... parece como si estuviese gravado en mi cabeza aunque haya desaparecido... En un momento se suelta de su fuente... y cambia de tono ... va buscando su propio sitio en el incipiente trasiego... Y se mueve... la ráfaga rítmica y vigorosa vuelve con su ímpetu reincidente alertada por el claxón de un coche... y se va y vuelve; más cercana, más alejada...

Otras percusiones, fricciones, alarmas y arrastres van, paulatinamente, apareciendo...

(04:30) La intermitencia se acelera en mi cabeza a la vez que se eleva su tono... se aleja de su origen... y se acelera... se acelera hasta fundirse en un pitido estable, como si una corriente eléctrica se apoderase de maquinas y herramientas, bufidos y golpes para alimentar con su resonancia continua la movilización necesaria para la transformación... Más avisos de maquinaria pesada... más golpes... más descargas... más arrastres... Una amplia variedad de formas sonoras se entremezclan, se alternan, se complementan, se superponen de manera creciente, conforme las personas que las manipulan van repitiendo sus rutinas... las ráfagas de la máquina percutora reviven y juegan con otros sonidos a veces reales, otras imaginados, originales, reflejos, vividos, soñados...

(06:26) La fricción de una radial se transforma y va haciéndose grave, continua y cadenciosa, como la respiración de un ser vivo que estuviese haciendo un esfuerzo físico continuado...

En su despertar las máquinas van llamándose las unas a las otras... Hasta que una masa informe, densa e inestable, en parte real, en parte ficción; toma el puerto, el paseo y toda la fachada marítima de La Restinga... La transformación sigue su curso...

(09:15) Por la noche la tranquilidad se apodera del lugar...

Las domesticadas olas que llegan a la pequeña playa que se forma a los pies del edificio de Kay Marino se mezclan con los tintineos irregulares de los mástiles y cabos. En esa delicada atmósfera se identifica el continuo pistoneo de un motor... no parece alejarse ni acercarse... Algún tipo de embarcación, posiblemente de pesca, porque el sonido parece venir desde el mar. No es demasiado fuerte pero desde aquí, su presencia, grave, constante y con escasas variaciones, impregnada con el reflejo que se produce en la fachada del frente marítimo y amasada por la brisa del mar (ahora se escucha mejor, ahora peor), producen un enigmático...

(11:07) Una suave ráfaga de viento agita la vegetación próxima y dispersa una refinada estela que, fugaz y esquiva, se desvanece..

(11:27) Rememoro la cadenciosa y profunda respiración del ser transformador, mientras el pertinaz traqueteo del motor parece resonar y resonar en mi cabeza: el reflejo, el reflejo del reflejo, el reflejo del reflejo del reflejo... se extiende por el puerto... por el mar... por mis oídos por mi cuerpo...

(14:30) Por momentos, me invade el regusto eléctrico de la voracidad mecánica. Posiblemente es una forma de dejar atrás ese ambiente pesado, de golpes y fricciones, de ritmos repetitivos... de súbitas variaciones. Una manera de limpiar las heridas que se producen, de relajar tensiones...

(15:20) A lo lejos se identifican las voces de dos personas que se acercan lentamente... pasean por la curvada plataforma de listones de madera que rodea la arena y la separan de la pared de roca que delimita esta parte del puerto.En su ir y venir, envueltos de resonancias y sutiles corrientes, inevitablemente busco las palabras (inconfundible el acento canario y, seguramente herreño; puede que identificable y propio de la Restinga o de otra zona de la isla) que intercalan las dos personas que conversan en un tono cordial y amistoso. Al alejarse, las voces se mezclan con sus propios pasos que arrastran el calzado ligero, medio suelto... poco a poco desaparecen...

Con los últimos fonemas suspendidos en el aire, el resonante motor, las olas y los tintineos recuperan su protagonismo. Y con ellos, los últimos coletazos, ahora ya sueltos, deformes y dispersos; de las obras.


02. Siesta en El Sitio

Esta tarde es tranquila y me dispongo a sentarme en un sillón y estirar las piernas un rato frente a la ventana de una de las pequeñas casitas que hay en El Sitio, un alojamiento rural en la falda de la montaña, con el golfo a sus pies. En cuanto me acomodo y me dejo ir comienzo a escuchar el canto de algún pájaro... el motor de algún coche lejano... alguna voz, algún insecto...

(00:00) Lentamente voy extendiendo la perspectiva de la escucha... No es algún pájaro... Un manto de cantos dispersos e incontables producidos por los numerosos pájaros que revolotean y canturrean entre los árboles de los alrededores se extiende por la zona. A lo lejos, se perciben los motores de los vehículos que circulan por la carretera que une el golfo con la capital de la isla. Es una carretera lejana pero la exigencia de la subida (por el porcentaje de inclinación) adquiere un cierto protagonismo a través de los vehículos que, en dirección a Valverde, se ven sometidos a una auténtica prueba de potencia... No siempre circulan pero acaban dejando huella y al evocar alguno de ellos se hace más grave... hasta convertirse en un rumor sigiloso pero evidente, cadencioso y estable... que se mezcla con algún otro motor de otros vehículos que aparecen y desaparecen según por qué camino vayan, si suben o bajan, si están o no protegidos por el terreno, por las casas o los árboles...

(01:27) El canto de un urraca, más grave y compuesto por una serie de varios graznidos, se intercala, casi inaudible, en el mar de canturreos... lentamente se difumina enredado con el rumor de aquel coche que no deja de ir... venir... ir ... venir...

(02:10) Con el balanceo, los graznidos se hacen más graves y lentos... más pesados y solemnes... como si arrastrasen un gran peso... que les impide continuar... pero vuelven enmascarados de rumores y murmullos... y de nuevo se desvanecen...

(02:50) Un golpe triple, como de una piedra que cae sobre otra o de una máquina, irrumpe a lo lejos. Es breve y no se repite pero impregna mis oídos y revive... y vuelve... y vuelve... y se acelera... se acelera... hasta dejar tras de sí una resonante estela brillante ...

(03:23) El campanario de la Iglesia de la Candelaria marca la hora imponiéndose a los pájaros que, indiferentes, continúan con su frenesí... algún graznido, algún ladrido... algún gallo... algún coche compiten por hacerse un hueco... El toque de campana no quiere desaparecer y entre tinieblas intenta resurgir insistente y dogmático...

(04:14) El fugaz zumbido de los insectos, en ocasiones imperceptible, resulta imposible de anticipar y por eso, cuando los identificas, te sorprenden... Son tan suaves y esquivos que muchas veces apenas se escuchan, otras parece que los escuchas pero te los imaginas sin estar... o se enredan en el recuerdo de alguna resonancia... algún rumor... 

(05:07) La campana reitera su llamada...

(05:26) Pero ya no da la hora... liberada de sus ataduras, viene y va... avanza y retrocede, se repite y se camufla... Inconformista e insumisa, asalta la linealidad cíclica, con la que tendría que atrapar el tiempo. Y lo celebra envolviendo y acariciando el canturreo de los pájaros, los rumores imaginados, algún perro o las estelas invisibles que habitan en los sueños... un gallo...


Olas y viento en el embarcadero de Orchilla

El embarcadero (del Faro) de Orchilla es un lugar único. Orientada hacia el suroeste, mirando hacia el continente americano, es una playa de cantos rodados de diferentes tamaños que pueden llegar a ser bastante pequeños y configurar una suerte de arena gruesa pero redondeada, agradable al tacto y de intenso color negro y rojo. La playa no es muy amplia porque se encuentra a los pies de una imponente pared de roca. A los flancos diferentes formaciones rocosas delimitan un lugar azotado por unas olas que braman y rugen haciendo audible, de alguna manera, la orografía del litoral y el lecho marino. El conjunto crea un ambiente grave y profundo, reforzado por una luz crepuscular (el sol se zambulló en el horizonte frente a nosotros ya hace un buen rato)... De manera sutil pero implacable el lugar va adquiriendo un carácter intimidatorio y hasta terrorífico. Tampoco está, del todo, fuera de lugar porque estamos frente a la inmensidad del océano Atlántico...


03. Olas y viento

(00:00) Las primeras olas no dan la impresión de ser muy potentes, incluso parecen tranquilas y plácidas en su llegada a la orilla...Desde la distancia va apareciendo un rumor que acaba siendo furioso acompañando la ola que nos insinúan la intensidad que puede llegar a alcanzar el rugido rocoso y denso del océano. Las salpicaduras que surgen en algunos de los envites del agua contra las rocas, en su caída plomiza y coral, refuerzan la entrada de agua en su última extensión, antes de su vuelta al mar..

(01:00) Una ola explota contra un peñasco situado dentro del mar pero a pocos metros de la orilla. El choque no siempre es audible porque no siempre la ola llega con la altura y la fuerza justas para que el encuentro (que sí se produce cada vez) resulte evidente. Pero resurge en mi mente... aquí y allá... y se instala entre olas y contraolas como si quisiese recordar que la roca, estoica y descarada, sigue allí...

(02:20) La cadencia de las olas y la correspondiente resaca aportan un ritmo binario, variable e impreciso pero contínuo: unas veces creciente, otras decreciente... Ahora el agua se extiende como un manto que acaricia las redondeadas piedrecillas, ahora la contraola frena el último impulso de la siguiente... una quiebra abrupta su erguida cresta, otra se desvanece, todavía incipiente, sobre sí misma.

(02:30) Alguno de esos rugidos parece desprenderse de su ola original... y se escapa hasta hacerse más grave, largo y denso... se balancea... se entrelaza y se empasta con los bramidos y los susurros que sigue generando el mar... Ahora la contraola se infiltra con su arrastre absorvente mar adentro... dislocada e insistente, se suma a la escena... !

(03:15) El conjunto cobra una nueva vida en forma de repeticiones superpuestas... indeterminadas... inabarcables...variables...confusas

(03:37) Una gota salpicada aparece con cierta definición... y se descuelga redundante como si quisiese ser todas las gotas... todo el mar... pero se hunde y se en un pálpito abisal y aterrador... profundo y envolvente ahogado por una amasijo de explosiones evocadas y reales, rugidos arrastrados de aquí para allá o resonantes transparencias imaginadas


04. Viento y olas

(00:00) Protegido por una pared de roca, el viento se hace protagonista sobre el variable murmullo marino...Inestable en su intensidad, duración y trayectoria, este aliento atlántico se adentra por las mil y una aristas de las rocas y se transforma en un siseo que difumina y envuelve el mar.

(00:50) El rumor que amasa choques y salpicaduras, olas y contraolas... se convierte en un murmullo regular, informe y granulado que recorre la playa en la que sueño que estoy...Mientras, las rachas de viento se van sucediendo, juguetonas y esquivas...

(01:20) El encuentro del aire lanzado contra las rocas volcánicas se cuela en mi escucha y se transforma en un tímido siseo resonante que emerge y desaparece... y vuelve casi inaudible... no sé si está o si ha impregnado mi memoria, o mi imaginación..

(02:20) El viento vuelve a resonar... y acompaña la olas... pero pronto aquella masa informe, pausada y solemne, reclama su protagonismo e insiste en arrastrarse por el lecho de mis oídos...

(03:02) Con su grueso deambular el rumor somnoliento parece invitar al resonante siseo a un perfecto baile sin fin... Abrazados, uno y otro me recuerdan que mar y viento (agua y aire) nos alimentan y nos desgastan, nos persuaden y nos desgarran.


Pedro Montesinos. Mayo 2014